martes, enero 09, 2007
El tema de la Biblioteca me viene sonando desde hace tiempo. Aunque siempre la consideré una institución ameba nunca le puse demasiada atención a sus posibles problemas hasta mitad de 2006.Fue cuando estuve en Bogotá. Me hice de varios amigos allá con los que en cada charla en la que saltaban temas de literatura, manuales o cualquier asunto impreso, la Biblioteca Luis Ángel Arango se aparecía constantemente como la proveeduría de todos. No había uno que no hubiera ido en el último mes a hacerse de algún material para la universidad o para placer personal.
Me quedé varios días en la casa del Juglar. Muchas veces vi como mantenía abierta una pestaña del Firefox en la web de la Luis Ángel (como la llaman ellos). Se dedicaba a consultar la disponibilidad de cuanto texto necesitara para sus clases.
Se notaba en el ambiente que todo el sistema bibliotecológico era parte de la cotidianidad. Se notaba en sus casas, donde las estanterías no estaban tan llenas como las que veo en Buenos Aires y eso no significara que hubieran leído menos. Se notaba en sus lecturas de autores argentinos que ni siquiera fueron publicados en Colombia.
Hace mucho que no paso por nuestra Biblioteca Nacional. La última vez que fui no me trataron nada bien, tardaron demasiado y los sistemas de búsqueda eran como el Evatest, no aseguraban nada. Recién con la polémica de estos días me enteré que se puede consultar a través de Internet. Algo es algo, pero no creo que haya cambiado mucho.
Como dicen algunos bloggers, esto no es la batalla tecnología versus cultura tradicional. Esto es simplemente un servicio a la comunidad que tendría que funcionar bien. Creo que eso no se discute. ¿Se discute cuál es la función que debe cumplir? A estas alturas... ¿es tan difícil entender para qué sirve una institución como esta? Catalogar, archivar y mantener a disposición. Quizás haya algún trasnochado que tome la oración anterior como un eslogan neoliberal al estilo de los de McDonald´s. Así, al estilo brujas de Salem, lo señalaron a Horacio Tarcus por exigir nada más que coherencia, que parece, hoy día, es demasiado pedir.
Etiquetas: Libros, Personales

